De vacaciones por la Montaña de Riaño

De vacaciones por la Montaña de Riaño

Aunque cuando se habla de vacaciones se suele pensar en destinos de playa, somos muchos a los que el amor por la naturaleza nos hace buscar lugares apartados del bullicio, de la arena y del calor veraniego, y decantarnos por los prados verdes, las rocas que apuntan hacia el cielo, y el frescor de las noches de verano que baja de las cumbres de cualquier macizo montañoso.

En esta ocasión, y ya integrados en el verano, nos hemos escapado en busca de lugares de montaña, donde practicar el senderismo o los paseos por las alturas, conocer pueblecitos con tradiciones muy arraigadas, recorrer los miradores con las mejores vistas… Todo esto nos ha traído a la memoria otras experiencias similares, y nos ha animado a compartirlas ahora que muchos estáis preparando las vacaciones.

Entre la multitud de destinos que existen y que hemos podido recorrer en nuestra historia de caravanistas, hemos escogido uno de los últimos que hemos visitado, y que nos ha sorprendido por su belleza y cierta tranquilad, que, lamentablemente, no abunda en otros lugares.

 

Los fiordos leoneses

Aunque sí sabíamos de Riaño, no habíamos oído la denominación de fiordos leoneses hasta que nos llegó una recomendación, junto a unas cuantas fotos, bien escogidas, de este pueblo del norte de León, que sinceramente nos sirvieron de empujón para visitarlo.

Sin entrar en la polémica que se vivió en este lugar, y que los que ya tenemos unos años recordamos, aquellos parajes de grandes valles rodeados de imponentes montañas, denominados como la “pequeña Suiza”, fueron cubiertos por el agua a finales de los 80, formando un gran embalse que sumergió más de 2.000 hectáreas de prados y nueve pueblos para almacenar más de 600 hm3 para riego y generación eléctrica. A cambio, se modificó el paisaje, y los prados cruzados por el río Esla y el Yuso fueron sustituidos por lo que podríamos pensar que es un gran lago, si obviamos que se trata de una presa creada artificialmente. A nuestros ojos de hoy, el paisaje resulta espectacular, y no nos es fácil de comparar con las fotos que pueden verse de los tiempos previos al embalse. Lo que actualmente se ve es un paisaje de montañas que parecen surgir de entre las aguas, con bosques que ascienden entre las rocas, y grandes cumbres que se asemejan al paisaje de los fiordos nórdicos, aunque ni es agua del mar, ni provienen de glaciares, ni es obra de la naturaleza, en lo que al agua se refiere. Ante la adversidad, esta nueva realidad ha dado pie a aprovechar el aspecto que tomaron estos valles hace casi 30 años… se ha bautizado con el apelativo ingenioso de “fiordos leoneses”, al menos en verano, la actividad náutica parece importante, y mil pequeños reclamos turísticos hacen apetecible asomarse a esta zona leonesa, un tanto apartada, pero con muchas posibilidades, especialmente si eres aficionado a la montaña.

Riaño da nombre a algo más de lo que es el pueblo y los valles que circundan el embalse. Las Montañas de Riaño abarcan el extremo noreste de la provincia de León, lindando con Asturias y Cantabria, y forman parte de la vertiente leonesa de los Picos de Europa. Es más, la mítica Ruta del Cares que une el asturiano lugar de Puente Poncebos con el pueblo leonés de Caín, perteneciente a Posada de Valdeón, uno de los municipios que conforman las Montañas de Riaño.

Esta continuidad de montañas entre el Parque Nacional de los Picos de Europa y el Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre da una idea de que nos movemos por paisajes de grandes montañas, aunque sus orígenes geológicos son distintos. Mientras que en los Picos de Europa abundan más la piedra y los terrenos abruptos, en las Montañas de Riaño hay una mayor diversidad de paisajes y vegetación. Además, la fama que se les otorga a los Picos de Europa hace que sea una zona más saturada turísticamente, especialmente durante el verano, mientras que el entorno de Riaño no sufre tanta presión y resulta más agradable, si lo que te gusta es evitar las aglomeraciones.

 

Llegar sin prisas puede ser parte del viaje

Por Riaño cruzan dos carreteras principales: la N-621 y la N-625, ambas nacionales, bien acondicionadas, aunque no dejan de ser de montaña. Las dos parten de los alrededores de la ciudad de León, y una conduce hasta la costa de Cantabria (Unquera) pasando por el Puerto de San Glorio, Potes y el Desfiladero de la Hermida, entre otros lugares emblemáticos de la montaña cántabra; y la otra conduce por el Puerto del Pontón hasta Arriondas, pasando por Cangas de Onís, otro de los más conocidos pueblos de los Picos de Europa. El acceso sur, desde las cercanías de la ciudad de León, nos pareció el más impactante para llegar a Riaño, sin dificultades para ir con caravana o autocaravana, y, a nuestro parecer, acertamos. Desde Cistierna, el río Esla, con bastante agua, nos acompaña al tiempo que el amplio valle va cerrándose progresivamente mientras nos vamos dando cuenta de que nos adentramos en la montaña, tanto en el paisaje como en las construcciones de las casas. Cuando se aprecia que el valle se cierra en un estrecho desfiladero y nos anuncia un par de curvas más pronunciadas, se ve la imponente pared de la presa que retiene el agua desde finales de 1987, salvando los 100 metros del desnivel hasta su coronación. Al cruzarla, se ve parte de la inmensidad del embalse, y tras pasar un túnel se toma el tramo final junto a los pequeños pueblos de Horcadas y Carande, que conducen hasta el viaducto que cruza sobre el terreno que ocupaba la vieja Riaño, y que da paso a la nueva Riaño, que está por encima de las aguas.

Las nuevas generaciones no conocieron el viejo Riaño, pero los que son de allí conservan el dolor que les han transmitido los más mayores. Aun así, toca sacar partido a lo que hoy nos encontramos allí, y es mucho.

Rodeando Riaño en dirección a Cantabria, nada más pasar el desvío de la N-625 que va hacia Asturias, sale la carretera que sube ligeramente por la ladera del cerro y que, tras unos 600 metros, finaliza en el Camping de Riaño (www.campingderiano.com).

Al estar en el punto más alto del pueblo, este camping cuenta con las mejores vistas de todo Riaño, y, sin duda, es la mejor opción para alojarse con caravana, autocaravana, cámper o tienda. Cuenta con unas 70 parcelas amplias (algunas con vistas al pueblo y al embalse), servicios más que recomendables, lavandería, restaurante, bar y terraza, además de varios bungalows, por si viajas ligero y quieres vivir la experiencia de alojarte al aire libre. El único inconveniente es que no reservan parcelas, y en las fechas más clave si llegas por la tarde te puedes encontrar sin sitio. En la parte baja del pueblo, junto al embalse y el polideportivo, hay un aparcamiento donde se permite el estacionamiento y la pernocta de autocaravanas, pero está muy limitado y no demasiado bien conservado. Sin embargo, puesto que el turismo es uno de los principales sectores económicos, y con el auge del caravaning, en muchos de los pueblos que rodean Riaño, el Grupo de Acción Local Montaña de Riaño ha promovido la adecuación de espacios para estacionamiento de autocaravanas en Prioro, Puente Almuhey, Burón, Acebedo, Crémenes y Valmartino, subvencionados por el Programa Europeo Leader, por lo que también son buenas alternativas para conocer el entorno.

 

Por el pueblo de Riaño

Al haberse construido de nuevo (el antiguo fue sumergido por el embalse), el pueblo de Riaño es moderno. Las casas conservan, en la mayoría de los casos, el estilo del norte, los soportales, las galerías, los tejados inclinados… pero, aunque hay bastantes casas unifamiliares, abundan los edificios de pisos, y se aprecia la ausencia de casas con vivienda en las plantas superiores y con bajos usados como pajares para el ganado o con los aperos agrícolas (que sí se veían en las fotos del viejo Riaño, y habituales en cualquier otra localidad del entorno). El pueblo, como tal, no aporta gran atractivo, pero en sus calles se encuentran comercios y algunos restaurantes, como la Parrilla El Molino, que cualquiera de la zona te recomienda, y, sinceramente, es una buena elección para probar la comida leonesa, sus guisos, e incluso los impresionantes cachopos que preparan, aunque en temporada alta no es fácil reservar, y puedes conseguir mesa pasadas las cuatro o cinco de la tarde.

En la plaza principal, donde está el ayuntamiento, además de celebrarse los domingos el mercadillo con gran variedad de productos locales y material de montañas, se encuentra la Iglesia parroquial de Santa Águeda, que fue la antigua de San Martín de Pedrosa del Rey (uno de los pueblos desaparecidos bajo las aguas) y fue trasladada piedra a piedra, conservando su torre del siglo XVI, la portada románica en su entrada principal, y con un interior que combina la decoración original con elementos actuales, que forman un conjunto muy interesante y atractivo.

Junto a la iglesia, se encuentra un edificio de varias plantas que alberga el Museo Etnográfico de Riaño. En él hay una recopilación de elementos históricos y tradicionales donados por las gentes de la Montaña Leonesa de Riaño, que recogen algunas piezas prehistóricas y desde la época prerromana hasta la cultura popular leonesa de los años 60-70 del siglo XX. También se recrean algunas de las actividades que formaban parte de la vida diaria pasada, con la construcción de escenas de la Casa del Humo, la herrería, la escuela y el corredor, características de la vida de las gentes de estas montañas. Además, como homenaje, muestra multitud de fotografías de las construcciones desaparecidas en los nueve pueblos anegados en 1987 por la construcción del embalse de Riaño: Anciles, Burón, Éscaro, Huelde, La Puerta, Pedrosa del Rey, Riaño, Salio y Vegacerneja. La visita a este museo, además de entretenida, es una buena manera de conocer la historia de estas gentes y, especialmente, de los valles y pueblos desaparecidos. En un extremo de la plaza, junto a la iglesia y el museo etnográfico, también se exponen reproducciones de algunas de las construcciones más típicas de la zona: un hórreo, un chozo de pastores y un potro de herrar.

Junto a la carretera, donde finaliza el viaducto que cruza el embalse, a la entrada del pueblo, además de las letras gigantes de “Riaño”, se colocó la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, una iglesia románica con cabecera del siglo XIII-XIV, trasladada piedra a piedra desde su ubicación original en el pueblo de La Puerta, otro de los anegados por el embalse. Junto a la iglesia, hay un hórreo original de Salio, también destruido por la construcción de la presa, y un monumento moderno dedicado al Silencio de las Campanas que dejaron de sonar, construido por el Ministerio de Obras Públicas después de crearse el embalse en el año 1987. Junto al aparcamiento que hay cerca de la iglesia, se encuentra el Banco más Bonito de León, un banco que mira hacia el embalse, ideal para pasar un tiempo infinito contemplando las vistas hacia el macizo montañoso donde destaca el pico Yordas, el más alto, con casi 2.000 metros, el mítico Gilbo, y demás cumbres y valles que reposan sobre el embalse. Cruzando el aparcamiento, comienza una senda peatonal empedrada que bordea el embalse y recoge una serie de paneles informativos que rememoran la historia del viejo Riaño, y que termina junto al Corro de Aluches, un edificio moderno construido sobre un círculo de hierba y gradas de piedra con una gran bóveda de madera y cristal donde se celebran los corros de lucha leonesa.

 

Navegar entre “los fiordos”

Frente al Corro, se encuentra el embarcadero de Riaño, donde se pueden alquilar piraguas, kayak, hidropedales, tablas de pádel surf y motos de agua, que permiten conocer el embalse desde el agua. La opción que nos parece más recomendable es embarcarse en Riaño en Barco (www.riañoenbarcos.es), una travesía en uno de los barcos turísticos que recorren unos 16 kilómetros por el embalse, adentrándose por los fiordos leoneses, por algunos de los valles que ocupa actualmente. Además de ser una agradable experiencia, durante la hora que dura el recorrido, explican la historia de la Montaña de Riaño, dónde se situaban los pueblos sumergidos, el relieve y los picos más significativos y la variada fauna que se puede observar por la zona. Al llegar al Valle de Anciles, uno de los que no tiene acceso por carretera, es posible ver cómo se acercan a la orilla los bisontes que desde hace unos años viven en libertad controlada, como parte del programa de recuperación de esta especie desaparecida de estas tierras hace unos 10.000 años, y que ha posibilitado el nacimiento de una cría en este valle. Junto a ellos, también se ha repoblado con caballos salvajes de la raza Pottoka y búfalos, formando un conjunto de especies compatibles entre sí, que se asemejan a la fauna que poblaban estos valles en la Prehistoria. En las primeras y últimas horas del día, también pueden llegarse a ver rebecos que descienden de las cumbres, además de aves de gran envergadura que pueblan riscos y adornan el cielo que se refleja sobre la inmensa lámina de agua del embalse.

De vuelta a Riaño, antes de abandonar el pueblo para buscar algunos de los senderos de la interminable lista de rutas de este entorno natural y adentrarnos en los pequeños pueblos que se salpican entre las montañas, puedes aprovechar a sacar las fotos de rigor que se repiten en esos puntos “instagrameables”. Junto al acceso al camping, un camino de unos 300 metros sube hasta un pequeño collado que da acceso al Mirador Alto Valcayo, donde hay una antigua torreta de vigilancia, hoy con un banco corrido y cubierta con paja y paneles informativos junto a la que se sitúa el Corazón de Riaño, una escultura con forma de corazón, colocada en 2023, que sirve de marco para fotografiar las impresionantes vistas del embalse y las montañas. En el extremo contrario del cerro, está el Mirador de Las Hazas, donde se sitúa un columpio de ocho metros en el que niños y mayores podemos columpiarnos junto a la “Heidi Leonesa”, que también se encuentra allí para fotografiarse con ella, al tiempo que contemplamos unas vistas de 360º hacia el embalse y las montañas que lo rodean.

 

Caminando por las Montañas de Riaño

Visto lo que da de sí el pueblo de Riaño, si te gusta caminar por la montaña, esta comarca es un lugar ideal para subir a picos, caminar entre bosques o cruzar grandes prados sin aglomeraciones de excursionistas, como ocurre en otros destinos más consolidados.

La cumbre importante más cercana al pueblo de Riaño, y la más frecuentada por senderistas, es el Pico Gilbo, que también se le conoce como el “Cervino Leones” por el aspecto piramidal que ofrece desde algunas perspectivas. A pesar del aspecto inexpugnable que presenta desde la lejanía, la ascensión es factible caminando con un poco de técnica en la montaña. La ruta, de unos ocho kilómetros, comienza desde un aparcamiento que hay en el extremo contrario del viaducto que da paso al pueblo de Riaño. Desde allí, parte un camino hacia la Cueva de la Vieja del Monte, que está de camino al pico, y que se puede hacer fácilmente con niños para que, además, conozcan la historia-leyenda de esta misteriosa habitante del bosque. El sendero discurre junto a la orilla del embalse, durante un par de kilómetros, cruzando primero el Pinar Encantado, con curiosas representaciones en los troncos y una zona despejada, hasta adentrarse más adelante en el impresionante Hayedo de las Viescas, donde se encuentra, desviándose unos pocos metros, la Cueva de la Vieja del Monte. Poco después se llega al Mirador Las Biescas-Dionisio Macho, donde, una vez más, se ve una de las impresionantes panorámicas que abundan por aquí. A partir de este punto, el camino va inclinándose poco a poco entre las hayas hasta que se empina de manera importante, para ascender cerca de 200 metros y llegar a un collado despejado. A partir de este punto, la ruta se hace por senderos que bordean los picos cercanos hasta alcanzar un nuevo collado que cruza a la cara que da acceso por un camino con bastante pendiente hasta la cumbre del Gilbo. Aunque las vistas desde la cumbre son impresionantes, las que se ven en los miradores y puntos intermedios también son muy atractivas, por lo que, si no se cuenta con la preparación necesaria, vale la pena cualquier tramo que se haga.

En coincidencia con esta otra ruta, también discurre la Ruta de los Osines, como ocurre con la de la Cueva de la Vieja del Bosque. En este caso, el camino discurre hasta el final junto a la orilla, por una senda didáctica de tres kilómetros, para los más pequeños, muy llana, y donde se ven figuras y paneles explicativos sobre de los animales que habitan por estos lares, para terminar en un nuevo mirador con una nueva perspectiva tan impresionante como todas las que podemos observar.

Ascender a la mayor cumbre de los picos que rodean Riaño tiene el aliciente de contemplar una panorámica desde el punto más elevado. Esto lo podemos conseguir haciendo la subida al Pico Yordas, otra de las rutas indispensables para los que quieren conocer estas montañas. Antes de la creación del embalse, se subía desde el antiguo Riaño, pero actualmente el agua impide atacarlo desde esa cara. Ahora, se parte desde Liegos, y aunque es una ascensión larga, unos 18 kilómetros ida y vuelta y salvando un desnivel de más de 800 metros, no requiere técnica, simplemente la forma física para hacer el recorrido. Desde lo alto del Pico Yordas, también conocido por Pico Burín, se obtienen unas espectaculares vistas sobre el valle de Valdeburón, sobre los fiordos leoneses, los Montes de Riaño, los Picos de Europa y el resto de la Cordillera Cantábrica.

Si se viaja con niños, además de las ya citadas Cueva de la Vieja del Monte y la Ruta de los Osines, dentro de la Red de Senderos Locales hay otras interesantes, como la Senda Mitología Leonesa, que comienza en Carande, localidad situada antes de cruzar el viaducto de Riaño, y es una senda sencilla y circular de unos cinco kilómetros, con un fondo didáctico sobre la etnografía leonesa, donde puedes encontrar a los seres mitológicos como el Reñuberu y el Trasgu, que se han transmitido oralmente entre generaciones y que daban explicación a los fenómenos naturales que entonces no se podían explicar.

Desde el mismo pueblo de Riaño, se puede llegar al Bosque de Hormas por una pista circular de unos diez kilómetros y sin apenas desnivel, en un espacio protegido, refugio de osos, urogallos y demás fauna típica de estas latitudes, donde se ven hayas, robles, acebos, avellanos, fresnos y abedules, y que conduce hasta el Área Recreativa de Los Casares.

Desde Riaño, tomando la N-625, camino de Asturias, se bordea el embalse hacia el norte. Tras pasar un gran viaducto que cruza una de las colas del embalse, sale un desvío hacia Burón. Poco antes de llegar al pueblo, se sitúa el Banco más grande de León, que más allá de unas proporciones aceptables, resulta un reclamo turístico para fotografiarse en él, y al que hay que trepar para poder sentarse, como si fuésemos liliputienses en el mundo de Gulliver. En este emplazamiento se pueden contemplar vistas de una de las colas del embalse, la que conduce al Esla aguas arriba, y se ven el nuevo Burón (la mayoría del pueblo fue demolido para la construcción del embalse, y de aquel antiguo pueblo se trasladaron la iglesia y las escuelas, que son hoy el ayuntamiento) y el impresionante macizo de montañas donde se encuentra el Pico Yordas. Desde Burón, es posible realizar multitud de excursiones, como la de los Valles del Mirva y Rabanal, que parte del aparcamiento que hay a la entrada al valle de Mirva, caminando por verdes prados y montañas con frondosos bosques de hayas ganando altura hasta el punto más alto, donde se ve claramente el macizo de los Picos de Europa. Desde aquí se vuelve hacia el valle del Rabanal, entre prados y bosques que alternan los espesos bosques con increíbles panorámicas.

Continuando por la carretera CL-635 hacia el puerto de Tarna, que da paso a Asturias, se cruza Lario, una pedanía de Burón, desde donde se ve, en lo alto de uno de los picos que lo envuelven, el Columpio de Lario, similar al de Riaño, pero un poco más alto. Se puede acceder andando hasta el columpio, que ofrece unas vistas impresionantes, aunque hay que salvar unos 150 metros de altitud, y el camino cruza por fincas con ganado y perros sueltos, que pueden resultar molestos si no estás acostumbrado.

Siguiendo por la carretera que surca el valle de Valdeburón, siempre acompañados del río Esla, poco antes del límite con Asturias, se llega a La Uña, donde la carretera abandona al afluente más caudaloso del Duero y el segundo más largo de España, con casi 300 kilómetros. Y es desde La Uña, una pedanía de Acebedo, donde, además de podernos sentar a contemplar las vistas del pueblo y su paisaje en otro de los bancos más bonitos de León (y que se repiten en multitud de pueblos de esta zona), parte una ruta hacia el Puerto de Ventaniella, que nos conduce por un camino medieval considerado como uno de los mejores para atravesar la Cordillera Cantábrica en aquella época, ya que permitía el paso de carros de dos ruedas, entre prados, collados y corrales, y pasando junto a la Fuente del Naranco (nacimiento del Esla) y el Menhir de La Uña.

Sin olvidarnos de otros muchos rincones para explorar por el valle de Valdeburón y volviendo a la N-625, en dirección al Puerto de El Pontón (hacia el pueblo asturiano de Arriondas), se sigue hacia otra de las colas del embalse de Riaño, la del río Orza, que va adentrándose por el valle hasta El Pontón, donde comienza el Parque Nacional de los Picos de Europa, y comparte espacio natural con el Parque Regional Montaña de Riaño y Mampodre, los municipios de Posada de Valdeón y Oseja de Sajambre. Dentro de los Picos de Europa, esta es la parte más desconocida y menos masificada, a pesar de contar con referentes importantes como Caín, una pedanía de Posada de Valdeón donde termina la que seguramente sea la ruta senderista más famosa de España: La Ruta del Cares. En la vertiente norte del puerto de El Pontón, nacen dos ríos muy nombrados: el Cares y el Sella, y en sus valles no faltan bosques, vegas, picos y collados, con rutas poco transitadas y no menos bellas como las de los bosques y praderías de Vegabaño, desde Soto de Sajambre; el descenso de Panderruedas a Posada de Valdeón; la subida al Pico Jario… por contar algunas.

En este artículo hemos citado algunas propuestas y rutas que hemos hecho, y otras que nos han recomendado, pero que aún no hemos tenido tiempo de vivirlas. Todas ellas y otras muchas más se detallan en la web de Montaña de Riaño (www.mriano.com), con explicaciones, indicaciones prácticas, trazados y elevaciones, para facilitar la elección y disfrutar posteriormente de la ruta. Además, en la web hay mucha otra información sobre la zona, recursos, oferta turística…

Si cuentas con tiempo, y las Montañas de Riaño te han sabido a poco, continuando desde Oseja de Sajambre por la N-625 se llega a los Picos de Europa Asturianos: a Cangas de Onís, y desde allí a Covadonga, Arenas de Cabrales… Si desde Riaño continúas la M-621 hacia el Puerto de San Glorio, se entra en los Picos de Europa Cántabros: a Potes, Fuente Dé, el desfiladero de la Hermida, Panes… otro plan de montaña al primer parque nacional creado en España, y el tercero con más visitantes después del Parque Nacional del Teide y el Parque Nacional de la Sierra de Guadarrama.

En definitiva, si te gusta la montaña, disfrutar de sus paisajes y caminar por ella, las Montañas de Riaño son un plan que debe estar en tu lista de viajes pendientes, ya sea para unas vacaciones de verano más frescas y lejos del bullicio, o para otro momento en que se tercie la ocasión.

Related posts

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.